La bruja Roboja.

Roboja era una bruja que vivía entre montañas heladas, sus pociones solo podían contener tierra, piedras, nieve y agua, pues era lo único que había en aquel lugar. Aun así, Roboja era muy hábil, y conseguía hacer todo tipo de brebajes con esos pocos ingredientes, como poción para eliminar la sed, poción de golpeo con piedra, poción para muñecos de nieve y poción de pasteles de lodo.

Un día Roboja quería preparar uno de sus extraños brebajes, así que fue a su almacén a buscar los ingredientes que necesitaba, pero descubrió que ya se le había terminado uno muy importante, la nieve, así que decidió salir a buscar más, se puso sus botas altas y calientitas, su abrigo grueso y su gorro contra congelamientos, finalmente salió, pero tuvo una sorpresa tan grande que incluso comenzó a derretirse ¡Ya no había nieve! Pero en lugar de la nieve había un tipo de manto verde, algo que Roboja nunca antes había visto.

Quería quedarse a investigar que era ese extraño manto verde, pero por ahora no podía, pues debía ir a buscar la nieve, así que caminó y caminó, buscó y observó por un largo tiempo sin éxito, parecía que se había terminado la nieve y, por el contrario, esa alfombra verde había cubierto todo a su alrededor. Fastidiada por la falta de nieve, y la abundancia del manto verde, decidió investigar qué era eso, pues tal vez tendría relación, así que tomó unas muestras de ese material extraño, las guardó en su bolso y se las llevó a su casa.

Ya en su cuarto de pociones sacó esos objetos verdes que había guardado en su bolsa, pero cuál fue su sorpresa al descubrir que ese material verde que había guardado ahora era color café, molesta y desconcertada Roboja se preparó para salir una vez más, fue al mismo lugar para buscar en donde había de ese material café y cómo fue que se confundió, pero a pesar de su búsqueda insistente no había mas que manta verde. Confundida tomó más de ese material verde y se fue a su casa, al llegar dejó su bolso sobre la mesa y se fue a dormir. Al día siguiente se dispuso a examinar lo que trajo, pero para su mala suerte el color había cambiado otra vez. Esta situación frustraba mucho a Roboja, no entendía lo que pasaba, ¿Por qué aquello cambiaba de color? ¿Por qué no había nieve?

Los días pasaron, Roboja ya no hacía pociones, solo se dedicaba a cortar la espesa manta verde que crecía, como si fueran largos alambres, ella solo notaba que todo a su alrededor era cada vez más caliente. Un día, mientras Roboja dormía, un silbido fuerte y extraño la despertó, su casa parecía sacudirse, salió para observar qué pasaba, no había nadie, pero el manto verde ya no era verde, era totalmente café, igual que las muestras que había tomado. Roboja no se sorprendió, pues había entendido que no se podía entender y no le gustaba vivir ahí, así que decidió irse.

Roboja se la pasó todo el día empacando sus cosas y estaba lista para irse en la mañana, fue a dormirse después de despedirse de su casa y de su gran caldero que era lo que más iba a extrañar. A la mañana siguiente se despertó, tomó sus cosas y abrió la puerta de su casa, no sabía si era algo bueno o malo ¡Pero la nieve ya estaba ahí de nuevo! Roboja feliz corrió a preparar más brebajes, finalmente todo había vuelto a la normalidad.

Fin.